Esas limitaciones que a diario nos acomplejan, logran producir en cada ser un encarcelamiento de sus pensamientos, una extrema limitación de sus sentidos.
Y ¿cómo saber si nos encontramos presos de la situación, del estado y de la sociedad? Simple, con sólo pensar en qué queremos hacer, y por algún prejuicio social no se ha realizado, es esa predominación del qué dirán sobre nuestras ideas.
La ideología se ve continuamente obstaculizada con argumentos que a la vista de las personas del común, es anormal encontrar en la sociedad. Tal vez esas personas del común son más cercanas de lo que se piensa, son nuestros amigos y hasta nuestra familia, y lograr cambiar su pensamiento parametrizado por el Estado, es complicado y hasta a veces imposible.
Y si los pensamientos se limitan por circunstancias de la sociedad, los sentimientos son encarcelados por nuestra propia imaginación, no dejamos que surja ese romántico interno, no dejamos que la vida nos arroye con las circunstancias y solo pensamos en seguir la cotidianidad que hasta el momento nos ha hecho “feliz”.
Mirar, besar, oír, oler y tocar, hacen parte de sentir, de vibrar, de respirar, de liberar todo lo que llevamos dentro, de buscarle ese sentido a la vida que muchas veces no encontramos en las cosas vanas de la humanidad.
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