lunes, 28 de julio de 2014

Cáncer, veneno familiar

Hace más de veinte años tuve la triste experiencia de tener que vivir el cáncer en mi familia, de sentir en carne propia los diferentes malestares que esto requiere. Era mi Madre quien luchaba contra este horrible monstruo, ese monstruo que día a día se lleva a más y más personas por no estar pendiente de su salud, o simplemente por no aceptar que deben realizarse ciertos procesos médicos para intentar aumentar su periodo de vida.

No tenía más de 6 años y tengo el recuerdo tan presente como si fuera ayer, mi mamá intentando disimular el dolor, mi hermana con 6 años más de edad, preocupada por estar más consciente de la situación y mis tías intentando repartirnos. No había entrado mi madre al cirujano y ya estaban pensando quien se quedaba con quien, era difícil, yo no quería separarme de mi única familia, suficiente con pensar que podría perder a mi Madre, como para también pensar en quedarme sin mi hermana.

Pasaron los días, mi madre en el quirófano corriendo el riesgo 50-50, hacia la muerte o hacia la vida, nosotras repartidas donde nuestros familiares con la incertidumbre del futuro, afortunadamente el cáncer fue detectado a tiempo y su erradicación fue de raíz. Hoy en día pienso mucho qué hubiese sido de mi vida sin ella, si a ella le hubiese pasado algo en el quirófano? Quién sería yo? Dónde estaría? Sería lo que con esfuerzo soy hoy? O sería una más del montón social? Menos mal esta respuesta nunca la tuve en mis manos y ella aún sigue conmigo.


Esta misma suerte no la han corrido varios miembros de nuestra familia, a quienes esta enfermedad se los ha llevado con sus sueños y sus ilusiones, algunos más jóvenes, otros más adultos, unos inconscientes de su enfermedad y otros negados a aceptarla; Por estos días se lleva a cabo la cruzada avon contra el cáncer en la mujer, y remueve todos mis sentimientos de repudio ante esta enfermedad, ante este mal que muchas veces está tan cerca nuestro que nos hace pensar que ya hace parte de la cotidianidad. Y ¿por qué no apoyar una causa social de esta manera?  Si apoyamos otro tipo de iniciativas que ni siquiera ayudan al bien común, por qué no ir un paso adelante de la enfermedad y poder dar ese granito de arena a las buenas causas y pensar que es un mal que nos rodea y que en cualquier momento nos puede acechar sin discriminar la posición social, color,  ni prejuicio personal. Es el momento de ayudar con un pedacito de amor a quienes lo pueden necesitar.

martes, 1 de julio de 2014

Colombia un país de “ignorantes”

Año tras año vemos las cifras crecientes de cómo la educación cada vez es un beneficio más asequible (si así se le puede llamar cuando hay que pagar altos costos por ser profesional en Educación Superior),  pero esto tal vez no se ve reflejado en el hecho de que somos un “país de ignorantes”, muchos tal vez pensarán que es una opinión ofensiva y algo arribista, pero más bien es un aterrizaje a la realidad y un poco de nuestro día a día, porque de una u otra forma nos estamos viendo directamente relacionados con este tema de la “ignorancia” que pareciera lleváramos en la sangre  y tatuada en la piel.

Aunque nos duela que nos lo digan, por más que estudiemos y nos capacitemos seguimos siendo unos ignorantes, ignorantes al saltarnos la estación del transporte público y cruzar por debajo del puente peatonal, ignorantes por ignorar el valor que tiene nuestra vida que ponemos en riesgo frente a un volante ebrios, ignorantes porque pareciera que la educación la perdiéramos en el momento de manejar cualquier vehículo sobre ruedas agrediendo a todo el que se pueda atravesar en nuestro camino. Ignorantes por querer siempre ser los primeros y creernos los “abejas” pasándonos en rojo los semáforos (cuando las abejas son más conscientes del peligro), ignorantes al dejarnos llevar por la furia y la cólera que 2.000 pesos nos pueden causar, ignorantes al dejarnos explotar nuestros recursos naturales pensando que en esa pérdida está el desarrollo de nuestro país.

Ignorantes porque olvidamos nuestras mujeres abusadas y expuestas a burlas falsos positivos y regalamos nuestra democracia por un tamal con chocolate, porque dejamos que se burlen de nuestros indígenas y no castigamos por ley lo que paradójicamente el mismo Estado permite, por esto y mucho más somos un país de ignorantes, porque ni el más educado deja de ser una amenaza para la sociedad colombiana en la que vivimos, esa sociedad llena de odio por la superación del que está al lado, esa sociedad que olvida sus raíces, su lucha y muchas veces la guerra.
Esa sociedad en la que nos hacen creer que somos el segundo país más feliz del mundo, cuando los medios traducen al contexto de “felicidad” lo que en verdad quiere decir “alegría”, y nos enceguecen día tras día con una noticia nueva que crea cortina de humo para tapar un hecho anterior, nuevamente ignorando la realidad, o peor aun conociéndola, pero queriendo olvidarla.


Somos ignorantes al subvalorar la fuerza y el potencial que tienen nuestros campesinos para defender sus tierras, esa fuerza y cojones que nos falta a nosotros, la mal llamada juventud del futuro, ese futuro que ni siquiera sabremos si tendremos con esta Ignorancia que cada día nos vuelve más viejos y no precisamente sabios.