viernes, 26 de septiembre de 2014

El hueco que cambió mi historia

Vivo en una ciudad llena de color, bipolar, matizada con los grises de sus fríos aguaceros y los colores de sus momentos de sol. Llena de ilusiones, de sueños, de gente acogida de todas las regiones con gente buena y gente mala, pero lastimosamente gobernada por organizaciones muy desorganizadas.

La maya vial de la ciudad es deplorable, existen lozas rotas en las vías principales, espacios sin señalización, y las señalizadas tienen el piso con pintura que no es lo suficientemente "vial" como para que no sea resbaladiza en la lluvia y para completar existen huecos por toda la ciudad que a diario causan daño, producen accidentes y hasta más.


Y fue precisamente uno de estos huecos de la ciudad el que casi me pasa factura de Vida, con el miedo de ser un sábado en una de las vías más transitadas de la ciudad y en una hora pico, me encontraba en este suceso tan doloroso físicamente. No había llovido, era un día de sol hermoso y como siempre yo iba feliz de ver la infinita belleza del sol y sus facultades, hasta que un automóvil por cerrarme, me quitó la visibilidad del hueco y finalmente terminé pasando sobre él.

Con un diámetro de 13cms de profundidad y un poco más de 60 cms de ancho me hizo sentir el mayor miedo de mi vida, fueron pocos segundos los que pude "tambalear" después de haber pasado sobre él, pero para mí fueron los peores instantes que he vivido, nunca había sentido tanto miedo a perder mi vida, nunca había sentido que algo se salía tanto de control como aquel instante, fueron segundos de angustia en los cuales ya ni sabía cuál era la dirección que yo tomaba, mi vida pasó en una fracción de segundos frente a mí, de repente me encontraba en el piso, mi motocicleta a metros y sin sentir NINGUNA parte de mi cuerpo, en un comienzo no podía ni hablar tan solo lloraba de la impotencia de no poderme sentir nada, pensé que lo peor me había pasado, la gente hablaba, yo no podía responderles, solo lágrimas caían de mi rostro, pensé en toda mi familia, extrañé al ser que tanto amé y volví a pensar en que no hubiese causado un mayor daño con ese accidente a carros o personas que estuviesen al rededor en el momento de la caída.

Minutos después volví del shock y gracias a unos hombres del cuerpo de voluntarios de la Defensa Civil volví en sí a reaccionar y a sentir mi cuerpo totalmente, esta vez con mucho dolor y lesiones en las rodillas y en los brazos, algo de cuello y un par de moretones en el las caderas. Varias personas ayudaron mientras la ambulancia llegaba y como siempre mi familia, con lágrimas en su rostro al verme postrada en el piso, presente en los momentos justos.

Gracias a la vida y a los primeros auxilios que me brindaron en el momento adecuado, las lesiones no fueron peores, terapias, dolores en las rodillas y cicatrices es lo que queda, nunca pude agradecerles a quienes me ayudaron en ese momento ya que no los volví a ver desde que me subí en la ambulancia, pero desde aquí de corazón les deseo lo mejor de la vida y que seguramente les serán recompensados sus buenas intensiones de una u otra forma porque la vida es tan agradecida que devuelve de lo mismo que se ha dado.

Para mí, fue más que un golpe físico, un golpe de vida, que me reforzó mi pensamiento de que hay personas buenas aun en el mundo, y que sin conocerles demostraron ser humanos y aportar mucho más que ir a chismosear el accidente en medio del amarillismo que tiene alrededor este tipo de sucesos que causan más que trancón un chismerio de la sociedad.

Al final aprendí que se cuenta con quien se debe, y que así como pude haber perdido la vida, también tengo una segunda oportunidad de contar la historia y hacer que mi vida esté llena de sueños y de momentos para amar a los que me aman, ya que en cualquier momento esto puede desaparecer y nosotros podemos dejar simplemente de ser, de existir y aparecer fisicamente en éste, nuestro mundo vanal.


martes, 9 de septiembre de 2014

En la vida hay que ser "Machito" y no "Princesita"

Yo no nací en una cuna de oro, ni me educaron en colegios privados, ni crecí con comodidades y todo lo que yo pedía generalmente nunca me lo daban.

Yo crecí a punta de agua de panela y pan, con apenas lo que necesitaba para sobrevivir, viendo a mí madre salir a trabajar muy temprano, llegar en la noche a cocinar y lavar la ropa y seguir así la rutina toda la semana. No teníamos lujos, no teníamos salidas extraordinarias, no viajábamos ni a un pueblo cercano porque la economía no daba para eso, igual no importaba porque estábamos juntas para cualquier lugar y eso pesaba más que los lujos materiales.

Esto ayudó a que no fuera una mujer que creciera pensando en que todo lo material era lo que valía, no soy el tipo de mujer que le interesa cuánto lujo puede brindarle la persona del lado, no soy quien necesita que a su alrededor hayan personas de determinado estrato social para poder entablar una conversación pura y sincera, no le veo diferencia a tratar con un Director ejecutivo versus la señora del aseo de la calle, porque todos al final son personas que el dinero y estrato social no las hacen más o menos importantes para nadie.

No nací siendo princesita, nací siendo “machito” con la garra que mi mamá me inculcó desde chiquita, creyendo que cada piedra con la que me tropiece es un escalón más para subir a lo más alto de este camino, amando el sol y la luna como la inspiración de los momentos, diciendo lo que lo pienso, llorando con lo que siento y creyendo en que no todas las personas son malas y que los pensamientos del corazón muestran la pureza del ser humano, tal vez puede que aun caiga en la ingenuidad de ignorar cosas, pero de eso se trata la vida, de aprender de lo malo y extraer lo bueno que nos deja a diario.

Siempre he tenido en claro que si quiero algo en la vida tengo que salir a conseguirlo, que las cosas no las dan regaladas y que los sueños si se hacen realidad siempre y cuando se deseen con el corazón.
No puede ser que en pleno siglo XXI la mujer siga siendo dependiente del qué dirán, siga creyendo que alguien debe mantenerla y sigan viendo el mundo tan plástico en el que quieren vivir, no se trata de no tener comodidades y disfrutar de las cosas que se tienen, sino de conseguir esas cosas con esfuerzo propio, no con el esfuerzo y sudor de los demás sin dar ni siquiera un granito para lograr las cosas.

No puede ser que aún se tenga miedo de una figura masculina y sigamos pensando que si a él no le gusta puede enojarse  y llegar a ser violento, cuando la forma de pensar tiene que ser independiente a los demás.


Cada uno hace con su pensamiento lo que desea y se muestra en sus acciones, nada ni nadie puede frustrar sus expectativas por miedo al rechazo, nada ni nadie puede pasar por encima del otro con un pensamiento individual que omita las consecuencias de sus actos, nada ni nadie puede hacer que se viva otra vida simplemente para dar placer ajeno, nadie puede hacer la vida larga o corta, simplemente la vida es lo que tenemos cada día, es lo que puede durar años o simplemente solo segundos, es lo que amamos desde lo más profundo, la gente que nos brinda momentos sinceros y las experiencias intensas que cada día construimos de manera individual con el aporte colectivo, eso es lo que es la VIDA.