Dentro de las actitudes diarias encontramos los comportamientos de las personas del común, basadas en lo que ven en los medios usuales de “comunicación”.
Es así como sorprendentemente los prejuicios ante personas que seguramente hicieron mucho daño a la sociedad son juzgados sin tener bases sólidas de justificación.
¿Hasta dónde llegamos a alegrarnos por la muerte de una persona? ¿o hasta dónde, el hecho de que alguien pierda la vida hace que nuestra felicidad se incremente?
Es el caso reciente de la muerte del Mono Jojoy, donde el pueblo celebró el asesinato de una persona, que independientemente de lo bueno o malo que haya sido, sigue siendo una persona, que merece respeto y un trato digno.
Pero ¿cómo pedir un trato medianamente digno al pueblo?, si desde los medios de “comunicación” lo muestran como un hecho de ESPECTÁCULOS, como si fuese una exhibición, como si la familia del asesinado no mereciera respeto alguno a su dolor; no es aceptable el sensacionalismo que se le da a este tipo de noticias, dónde mostrar el rostro de la víctima hinchada y de color morado en el piso, muestra el poco sentido común que se tiene para manejar estos eventos, como si mostrar este tipo de imágenes en la portada del periódico más importante del país hiciera que la información fuera mejor.
Y no se sabe qué puede llegar a ser peor, si la portada de el periódico número uno en Colombia, o el campo otorgado en los noticieros de televisión de las grandes cadenas, para mostrar las imágenes de esta “exitosa operación”, sí, “Sodoma” el nombre de la operación que dio de baja a la cabeza a cargo de las FARC.
Y ¿Qué es “Sodoma” si no una demostración de ataque por la espalda, un ataque a mansalva? Una representación del ataque sorpresa que nuestras Fuerzas Militares han profesionalizado, y en donde hasta el momento no se ha hablado de las victimas adicionales a la muerte del Jefe Guerrillero, esas personas civiles que pudieron haberse visto afectadas por el ataque militar y que seguramente murieron en medio de alguna de las bombas lanzadas dentro de la operación.
Nadie piensa en lo que estos hechos afectan a la sociedad, no sólo por la muerte del personaje, sino por el sensacionalismo que se le da, y estamos lejos de poder comprobar una generalidad que corre por la mente de todos, basada en el hecho de que con la muerte de un dirigente, se acaba todo un grupo al margen de la Ley, y de repente todo es paz, esa paz que sólo vive en la imaginación de cada colombiano, porque mientras sigamos pensando que la muerte a todos los que nos han hecho creer como “malos” es la mejor solución para lograrla, no llegaremos a un estado de estabilidad real, mientras no nos quitemos el odio que en cada uno de nuestros corazones vive frente a situaciones que muchas veces desconocemos, no llegaremos a un espacio en el que todos podamos contribuir para bien y no para criticar lo que no podemos arreglar.
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