miércoles, 24 de febrero de 2010

Como si fuera ayer....

Sollozaba la brisa y los árboles se movían de un lado para otro, como si danzaran para nosotros.

No faltaba nada, el sol nos alumbraba casi sin dejarnos ver, las aves volaban por el cielo esplendoroso y ahí estaba él, con esa mirada desgarradora tratando de ocultarse tras las ramas del bosque, invitándome a perder la razón en su mundo de colores, que tal vez en una gama distinta a la mía, pero a su vez complementarios para nuestra paleta de vida.

No eran normales las sensaciones producidas por él, la respiración paraba en mis pulmones, cada vez que lo tenía muy cerca, arrojaba inspiración y sentimiento hasta por el cabello, era la continuación de mi ser, mi inspiración.

Pero, había pasado una hora y media, y se hacia tarde para volver a casa, y a pesar que la aventura de estar juntos la vivíamos todas las tardes después del colegio, mientras esperábamos por sus padres, este día sería diferente. Pareciera que el destino se hubiese confabulado para separarnos.

Cuando su padre lo cogió de la mano y se despidió de mí, sentí que algo se derrumbaba en mi interior y mientras se alejaban hacia su carro el padre preguntó;”¿Qué tal tu último día preescolar?, él volvió a mirarme con ojos aguados y mirada perdida, respondiendo: Bien, nada nuevo.

Subió al auto y poco a poco se fue alejando por la calle, hasta que desapareció.
Han pasado más de quince años, y aún no he olvidado aquel ocho de noviembre que se fue para nunca regresar , tal vez él haya olvidado ese año de preescolar, tal vez haya borrado de su mente lo que en ese momento fue mágico, pero para mí seguirán vigentes todos y cada uno de los instantes que pasé a su lado, como si fuera ayer.

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